viernes, 6 de noviembre de 2009

500 años y el derecho de los pueblos indígenas; Awas Tingni


Durante 500 años los derechos humanos de los pueblos indígenas han sido sistemáticamente violentados. El genocidio, el despojo, la opresión y la discriminación han sido constantes, con el agravante de que no solo se trata del uso de la fuerza bruta sino que a menudo ha existido legitimación jurídica de este estado de cosas.


El caso de la comunidad de Mayagna vs. Nicaragua inicia la jurisprudencia de la Corte Interamericana sobre los derechos de los pueblos indígenas, en particular su derecho a la tierra ancestral. Mediante sus decisiones, la Corte establece precedentes para la defensa de los derechos indígenas en todo el continente latinoamericano e indica lineamientos para el ajuste de la legislación interna de los Estados de la región.


En Costa Rica, los pueblos indígenas han denunciado reiteradamente abusos similares cometidos por el Estado costarricense. Así, por ejemplo, en el 2006 ante la Comisión de Derechos Humanos:




“Los Pueblos Brunca y Teribe, en términos generales, indicaron como el Estado costarricense desde hace casi 30 años viene desconociendo los derechos colectivos de sus pueblos indígenas reconocidos por la propia ley interna 6172 de 1977 “Ley Indígena”, al no aplicar sus preceptos ni hacerlos respetar por particulares. Incluso, denunciaron como Costa Rica lesiona los derechos colectivos de propiedad y libre determinación de sus pueblos indígenas, imponiéndoles su organización en “Asociaciones de Desarrollo Indígenas” – entidad de naturaleza estatal con débil participación indígena -, desconociendo sus propias formas tradicionales de organización comunitaria, así como sus autoridades tradicionales. En particular, advirtieron como se pretende inundar parte de sus territorios ancestrales ubicados en la “Reserva Boruca-Terraba”, con la sola finalidad de que la empresa estatal – Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), lleve adelante el “Proyecto Hidroeléctrico Boruca” con financiación internacional. Asimismo, indicaron los innumerables impactos negativos de naturaleza espiritual, cultural, y económica que tal proyecto produciría en sus comunidades, así como el desplazamiento interno forzado al que se verían expuestas” (CEDIN, 2006).

La Corte Interamericana en el caso de Mayagna vs. Nicaragua adelanta criterios para responder a los conflictos costarricenses, estableciendo parámetros en las obligaciones del Estado respecto a la defensa de los derechos humanos de los pueblos indígenas.


Las implicaciones de la jurisprudencia de la Corte Interamericana para Costa Rica serían:

  • La protección de los derechos indígenas en la legislación costarricense es formal, por lo que deben establecerse mecanismos para otorgarle efectividad.


  • Para hacer efectivos los derechos indígenas, se requiere del respeto a sus formas tradicionales de organización, que deben ser investidas de poder jurídico de representación para la defensa de los derechos indígenas.


  • El Estado costarricense es responsable por la negligencia de sus funcionarios al tolerar la invasión de las tierras indígenas.


  • La propuesta del Proyecto Hidroeléctrico Boruca desconoce los valores culturales ligados a las tierras ancestrales indígenas, que deben ser componentes jurídicos incorporados al concepto de las tierras comunales indígenas.


  • Las comunidades indígenas pueden exigir indemnización por los daños intangibles que el Estado les ha generado con las situaciones anteriormente mencionadas.



Aunque estas cuatro conclusiones se siguen directamente del caso Mayagna, el proceso para realizar los reclamos en Costa Rica parece incomparablemente mayor que el que siguió esa comunidad en Nicaragua, ya que han pasado bastantes años sin que se defina la situación y sin que puedan llevarse adelante acciones reivindicatorias contundentes. Esto nos indica con mayor fuerza la limitación del marco jurídico nacional para responder a la defensa de los derechos humanos de los indígenas en Costa Rica.


El caso Mayagna se convierte en un indicador de los parámetros de defensa de los Derechos de los Pueblos Indígenas que Costa Rica debe adoptar en su derecho interno para colocarse a la altura de las exigencias de la legislación internacional en derechos humanos que se ha comprometido a cumplir.


(NOTA: las fotografías no fueron tomadas por el autor y no se menciona su fuente por carencia de información al respecto)

martes, 6 de octubre de 2009

LA PAZ SE CONSTRUYE


No podemos vivir en paz mientras penda sobre nuestras cabezas la amenaza global de las armas nucleares. Este arsenal de destrucción masiva sigue allí presente e incluso aumenta continuamente. Por eso, este pasado 21 de setiembre se celebró el Día Internacional de la Paz dedicado al desarme nuclear, según lo ha propuesto el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon.

Nos espantamos cuando escuchamos que en escuelas y colegios hay armas. Sabemos que no se trata de tenerlas, sino de la tentación de que sean usadas en cualquier momento. Se trata de un asunto de vida o muerte. Con mayor razón debemos temer la existencia de armas nucleares que permanecen como peligro inminente sobre nuestro hogar, el mundo. Las armas de destrucción masiva no discriminan: el peligro es para todos.

Como indica Ban Ki-moon, en una guerra nuclear no habría ganadores. Sería la catástrofe final. De allí la urgencia de la acción para conseguir el desarme. Este es el único camino posible para otorgar un mundo seguro para nuestros hijos y nietos.

Ahora no se trata solo de conflictos entre naciones. Hay un nuevo elemento. La existencia de armas nucleares es ahora más peligrosa que nunca, dadas las posibilidades de que caigan en manos de los activos movimientos terroristas que azotan el mundo. Debemos eliminar esa posibilidad.

Eliminando las armas nucleares, habremos iniciado la ruta de la paz. Pero aún hay más: se podrán liberar enormes recursos que pueden usarse para enfrentar otros desafíos mundiales. Ban Ki-moon menciona el cambio climático global como uno de ellos y además añade la lucha por la seguridad alimentaria del planeta, indispensable para erradicar el hambre y paliar la pobreza. Podemos pensar en más.

Costa Rica, país modelo en el mundo por su opción por la paz, puede y debe dar el ejemplo apoyando esta campaña mundial por el desarme. Nuestra voz en el concierto mundial es más poderosa, ya que está respaldada por el ejemplo de la propia abolición de nuestro ejército hace ya seis décadas. Debemos aprovechar además la ocasión para fortalecer nuestro compromiso con la paz en la convivencia diaria y pacífica de nuestras comunidades, impulsado el respeto a los derechos humanos, el compromiso democrático y la eliminación de toda forma de violencia. Solo con acciones podremos avanzar hacia la paz del mundo, porque la paz se construye.

AGOSTO


De todos los doce meses posibles, agosto terminó siendo el mes. No fue diciembre a pesar de la enorme motivación y ánimo que me despierta y a pesar también de la nostalgia que me llena. Y ni que decir de la sensación de no querer que acabe el día 26. Tampoco es enero, con la alegría de la vuelta a la tierra, con sus sonidos, sus olores y la algarabía social, con su comida y el deseo profundo de querer averiguar ¿cómo pudo ser una vida que no fue en una tierra que siempre anhelé? Tampoco es febrero con todo y el ajetreo de amarrar lo posible y necesario de las metas del año, organizando y ejecutando, cambiando y planeando. Tampoco es septiembre, no es noviembre, ni es octubre, ni abril y ni aún julio con todo el dolor, no lo es. Pudo haber sido mayo y no lo fue. Es agosto, agosto es el mes en que más te extraño, es el mes que me marco, es el mes que no se cómo sentirme y cómo no sentirme. Es agosto, no es fin no es principio es solo agosto y a veces no se como vivirlo. Te extraño tanto.